jueves, 31 de octubre de 2013

La ceguera y las cadenas



Durante horas estuve fantaseando con el vaso en la mano, una noche de risas y charla amena mientras observaba a ese íncubo que se postraba frente a mí, con semblante serio, a veces sonriente, mi vena vampira azotaba las ganas de clavar mis colmillos en su cuello, mas me mantenía en mi sitio, con una distancia relativamente cercana pero distante, sólo los juegos de miradas felinas; la primera, nada más encontranos, llevaba unos vaqueros anchos y una camiseta negra, marcando lo ancho de sus hombros, con una cazadora de cuero encima, la melena suelta, como me gustaba y ese esbozo de sonrisa que hizo que temblara sobre mis tacones, estaba realmente atractivo.

Me había puesto un corsé y unos pantalones de cuero negros, ajustados a mi figura, notaba sus miradas en mis instantes de descuido a mi trasero, mi líbido bailaba samba y se soltaba la melena, tenía el tanga negro de encaje mojado desde el minuto cero y cada vez que esbozaba una sonrisa sentía resbalar la humedad por mi interior.

Yo continuaba con esa timidez inusual en mí, el súcubo permanecía encarcelado dentro de mi cuerpo, lo había atado con cadenas antes de salir de casa, se acercó a mí y me dijo que si nos marchábamos, afirmé y tomé mi abrigo para cubrirme en la fría noche, tomamos la calle caminando mientras la charla continuaba, yo hacía mi coche, él a su casa, teníamos el mismo rumbo y al llegar a su portal, me acerqué para darle un beso de despedida en la mejilla cuando tomó mi cuerpo bruscamente contra la pared y comenzó a besarme mientras me agarraba el pelo, abrazaba mi cintura y escurría sus manos bajo el abrigo para acariciar mi culo; estaba enardecida por completo, mi lívido danzaba cuan acróbata sobre las telas, deslizándose por cada rincón de mi cuerpo, me besaba con ganas y eso me hacía retorcerme por dentro. 

Me dió un azote y me dijo, tira, mientras me indicaba con la cabeza las escaleras de subida a su casa, no dije nada, una sonrisa y mi mirada eran toda la respuesta que necesitaba mientras subimos las escaleras, no llegamos a cruzar el umbral de la puerta y esta vez fui yo quien me abalancé sobre él, mientras le besaba mis dedos se entrelazaban con su melena, recorrían su cintura y me deshice de su chaqueta, dejándola caer, misma tarea que hizo él con mi abrigo, dejando que sus manos recorrieran todo mi cuerpo, para deshacerse del corsé bajando la cremallera que dejaba mis pechos al aire; deslizó su cabeza por mi cuello, jugando con su lengua en él y haciendo que se me erizara el bello, un universo de sensaciones que invadió como un tornado mi cuerpo en forma de escalofrío, continuó bajando para jugar con mis pechos y su lengua, los tenía entre sus manos hacía un rato y a mí me costaba mantener los ojos abiertos, estaba ya abandonada a ese juego, había vendido mi alma al diablo y el súcubo iba arrancando una a una las cadenas que lo mantenían prisionero en mi interior.

Tomé su mano y lo guié hasta la cama, aún llevaba la camiseta puesta y se la quité, allí de pie, deslizando mi lengua por su cuello, bajé hasta sus pezones y comencé a jugar con ellos, como él había hecho conmigo, me sentía terriblemente lujuriosa y me senté sobre la cama, dejándole ahí de pie, frente a mi, mientras desabrochaba sus pantalones para dejarlos caer a sus tobillos, mi mirada era la del mismísimo demonio mientras mis dedos pulgares se introducían dentro de sus calzoncillos lentamente, para bajarlos y dejar al descubierto su bálano, frente a mí, me mordí el labio inferior y él agito la cabeza, no necesité mas gesto, su mirada me pedía a gritos que hiciese lo que estaba a punto de hacer. Rocé su pene con mi lengua y volví a mirarle, sonriendo, me respondió con una sonrisa y comencé a chupar su polla como si de mi comida favorita se tratase, deleitándome en cada movimiento de mi lengua mientras mis dedos acariciaban sus testículos y su próstata, los introduje en mi boca y jugué con ellos durante un rato para continuar jugando con su pene, volví a subir por su pecho, con una lengua ávida de placer, le mordisquee la oreja y me entretuve jugando con ella, mientras le susurraba al oído "hazme tuya". No dudó un instante en apartarme de su cuerpo agarrándome del pelo para mantener su mirada desafiante con la mía.

Me deshice de mis botas sin moverme del sitio, mientras él se quitaba la ropa de los tobillos; me puse de pie y desabroché las correas que ataban mis pantalones de cuero, dejándolos caer al suelo, él me empujó sobre la cama, colocándose sobre mí mientras me besaba y propiciaba a mi cuerpo caricias suaves que hacían que nuevamente volviera a sentir la humedad escurrir dentro de mí, escurrió su mano por mi cintura y al notar la humedad de mi entrepierna se separó de mí, abrió un cajón y cogió unos grilletes que colocó en mis muñecas, ya era su prisionera, mas no conforme con eso, tomó un antifaz y me cubrió los ojos, besó mis labios y acto seguido sentí un vaivén de caricias que  me hacían enardecer, la dulzura de su lengua recorriendo mi cuello, el placer del dolor con sus pellizcos suaves en mis pezones, sus dedos introduciéndose en mi vagina y su boca en cada centímetro de mi piel, una lívido que ya no aguantaba más, deseaba que me penetrase, él disfrutaba con el juego y continuó mientras retorcía mi cintura bajo los movimientos de su lengua en mi clítoris y sus dedos en mi vagina, una explosión de placer que hacía que el ansia se apoderase de mí, que el súcubo tirase con todas sus fuerzas de las cadenas para arrancar la libertad que tanto ansiaba.

Trepó sobre mi cuerpo y continuó jugando con su pene, rozando mi vagina, haciendo que deseara aún más sentirlo dentro, en mi ceguera podía sentir como disfrutaba de ese juego y en tono de súplica, le dije:

   -Fóllame, por favor

Un aullido salió de entre los jadeos de mi garganta al sentir su pene dentro de mí, moviéndose incesantemente mientras no podía parar de gemir, me estaba volviendo loca de placer con cada movimiento, cada caricia de sus manos, totalmente atrapada con las manos sobre la cabeza, entrelazadas por los grilletes, la venda que no me dejaba ver, pero intensificaba el placer, y esa locura del contraste de la dulzura de sus besos y la salvajedad de sus embestidas, el súcubo ya no podía más, levanté mis caderas y comencé a moverlas, con su pene totalmente dentro, sintiendo cada roce en mi interior que me hacía temblar de placer y me estrelló una bofetada en mi cara, haciendo que estallara en un orgasmo con esa violencia comedida de la cual éramos cómplices los dos en ese viaje del cielo y el infierno que habíamos fabricado a nuestra medida, más no paró, ni deseaba que lo hiciera, continuó él con el juego de caderas durante un rato, mientras los orgasmos se sucedían uno detrás de otro.

Abrazó mi cuerpo y rodamos sobre las sábanas, colocándome sobre él, aún ciega, aún atada, a cuatro patas sobre él, galopando cuan amazonas, con los jadeos de su garganta justo en mis oídos, aumentando la excitación si es que cabía y ahora el súcubo ya no tenía una sola cadena, las había roto todas y desplegaba la plenitud de las alas, me quedé sentada sobre él, con las manos engrilletadas en su pecho y mis caderas le envestían con fuerza, con saña, como si quisiera introducirlo completamente dentro de mí, totalmente indomable cuando su mano me regalaba un azote y el placer se volvía insoportable, cada vez eran más fuertes las sacudidas a mi cuerpo, no podía parar de temblar y me dejé caer sobre su pecho, disfrutando de la dulzura de su mano acariciando mi pelo mientras mis labios y los suyos se fundían en un beso, volví a erguirme y repetimos de nuevo, esta vez, en vez de azotes, sus dedos jugaban en mi culo, y a pesar del sinfín de orgasmos que azotaban mi cuerpo, cada vez estaba más excitada.

Me apartó de su cuerpo y me colocó sobre la cama, boca abajo, besando mi cuello mientras su polla iba introduciéndose lentamente en mi culo y con una mano jugaba en mi vagina, totalmente mojada, movimientos lentos y la suavidad de esa lengua, cuan serpiente que oferta manzanas prohibidas, yo, completamente derretida sobre las sábanas, él, jadeando, entremezclando sus jadeos con los míos, la fiera se despertaba de nuevo y con un leve movimiento empujé su cuerpo de encima del mío, quedando a cuatro patas, con él de rodillas tras de mí, aferrado a mis caderas y la voracidad de sus embestidas, cada vez más raudas haciendo que clavase las uñas en las sábanas y los jadeos ya no fuesen gemidos, eran prácticamente gritos de placer cuando sentí su pene reventar de placer dentro de mi culo, totalmente tenso, para abandonarse sobre mi cuerpo, los dos tumbados sobre las sábanas, abrazados, abandonados a otro placer, el del sueño....







viernes, 25 de octubre de 2013

Amante despiadada




Acaricié su piel, con suavidad, con la ternura en la mirada, dejé que mis manos la rozaran con suavidad, con cariño, disfrutando de su compañía, perdiéndome en ese abrazo eterno que quema por dentro. 

Sus brazos rodeaban mi ser, me acogía en su seno, invadiéndome por dentro, haciendo que temblase hasta el último músculo de este cuerpo, el pavor en la mente, inmóvil, inerte, dejándome llevar, estábamos a solas y yo, sumisa, subyugada cuan esclava de su voluntad.

Vistió mi cuerpo con sus caricias y me dejé llevar, cerré los ojos y con cadenas manejó mi voluntad, no había espacio para la rebeldía, ni siquiera las ganas de revelarme a esas ataduras, era suya, muñeca dócil en sus manos, juguete de su voluntad. 

Me desvistió por completo, dejándome desnuda, indefensa, rozó mis labios, como si de una boca amiga se tratase, y sin compasión, me golpeó, dejando compungido cualquier síntoma de rebeldía en mi, una y otra vez, hasta someter por completo la indomabilidad que siempre había resurgido en mí, cuando los juegos del dominio me llevaban a ser sumisa, para acabar siendo la dómina implaclable.

Penetró hasta el fondo de mi ser, vibraba, y sentía ganas de gritar, mas se ahogaban esos gritos en mi garganta, incapaz de pronunciar palabra, totalmente sometida, temblando con sus movimientos, con cada caricia que me procesaba, cada golpe que me hacía enardecer y sentía la profundidad de sus besos, la dulzura con la que me atrapaba, asediando mi cuerpo, conquistando mi mente, era toda suya, había logrado enamorarme, me tenía totalmente atrapada.... 

Cuando quise darme cuenta, era demasiado tarde, había caído en su juego, había saltado sin red, abriéndole mi alma, entregando lo mejor de mí, mi alma, mi corazón, al dulce veneno de sus besos y caricias, entonces, le dije que la amaba, a esa amante despiadada, para ver si ella también se marchaba, pero permaneció alli, a mi lado, acariciando mi pelo, continuando con el sometimiento de mi cuerpo, me regaló una rosa y entonces descubrí que la tristeza era la única amante que no me abandonaba... 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Como si me quisieras



Abrázame, 
cómo si fuera a salir volando, 
mírame, a los ojos, 
como si me amaras, 
bésame, 
como si fuera el último bocado, 
hazme el amor, 
como si fuera la última vez, 
fóllame, 
como si quisieras llegar al fondo de mi ser, 
acaricia mi piel, 
como si fuera a desintegrarse, 
hazme sudar, 
como si quisieras deshidratarme, 
tómame en tus brazos, 
como si fuera a caer, 
duerme a mi lado, 
como si quisieras hacerlo... 
finge por un día, 
que de verdad soy algo,
hazme sentir tuya, 
déjame saborear la felicidad
antes de morir en vida
y vete, desaparece, 
como si me quisieras, 
como si no quisieras hacerme daño.

domingo, 13 de octubre de 2013

La fiesta de los disfraces de la vida




Salió a pasear por el campo, necesitaba respirar aire fresco, sentir el aire correr por sus pulmones cuando se ahogaba en el teatro de una vida fingida, demostrando al mundo la fortaleza de una debilidad abismal, cuando hasta respirar, era un esfuerzo en su mundo desmoronado. Puso los cascos en sus oídos y se dejó llevar por sus pies, sin rumbo en la llaneza de los campos ya cosechados, rodeada de un desierto de vida, tal y como sentía la suya, en esa soledad impuesta por la ausencia de compañía cuando más la anhelaba.

Sentía la debilidad en su cuerpo, la extenuación que la obligaba a sentarse, con nauseas en el estómago, y tomó asiento en medio del campo, con la espalda apoyada en una encina y la mirada perdida en el horizonte, sin vestigios de humanidad, sólo ella, perdida en el mundo de sus recuerdos, abrazando sus piernas con fuerza, como si así pudiera frenar el derrumbamiento de lo poco que quedaba en pie en su mundo, como si con sus manos pudiera sostener la caída al vacío que profetizaban las lágrimas resbalando por sus mejillas. Como en esos días en que el clima acompaña al ánimo, comenzó a llover y se dirigió caminando a casa, con paso lento, confundiendo las lágrimas con las gotas de lluvia, no importaba el frío, ya no importaba nada... 

Llegó a casa totalmente empapada, arrojada por la rabia, se sentía despechada y se observó en el espejo de la entrada, chorreando, con los ojos enrojecidos por las lágrimas, la mirada triste y la rabia acumulada que le erizaban la piel, no se pudo contener, pegó un puñetazo en la pared y se dejó caer al suelo en un llanto desconsolado, abrazando su cuerpo nuevamente, como si así pudiera contener ese torrente de lágrimas... imposible saber el tiempo que permaneció así. 

Como si de una convulsión se tratase, comenzó a arrancar la ropa, pegada a su cuerpo por la humedad, rasgando las prendas que cubrían su piel, como si quisiera despojarse de todo, se clavó las uñas en la cara mientras gritaba, intentando desprenderse de su belleza angelical, despreciándose a si misma por lo que era, intentos desesperados por marcar ese cuerpo del deseo, destrozando la belleza que lo vestía, e introdujo sus dedos en su vagina, penetrándose con fuerza, hasta sentir dolor, una y otra vez, vejándose a si misma, como si quisiera arrancarse cualquier vestigio de feminidad, con la rabia apoderada de su ser, sin apenas sentir el dolor físico que se infligía, penetrando con sus dedos cada vez más fuerte, hasta volver a caer llorando, tumbada sobre las baldosas frías, mas sólo tiritaba de dolor.

Yo, su súcubo, la observaba desde el cielo, expectante, su figura humana, inmóvil, tumbada como un bebé, abrazando sus piernas encogidas, allí permaneció esperando, aferrada a una ilusión como si fuese su bote salvavidas, consciente de que nunca llegaría, cuando un adiós se disfraza de un hasta luego, la desgana se viste de gala y el dolor saca su traje de luces, para vestir ese cuerpo desnudo que yace como un muerto, aunque sea en vida... esa es la fiesta de los disfraces de la vida cuando se mueren las sonrisas.


El último baile




Saqué por encima de mi cabeza la camiseta, dejándola caer sobre la silla de mi habitación, mis brazos se juntaron en mi espalda para desabrochar el sujetador y con maestría lo dejaron caer sobre la camiseta, me encaminé hacia el baño, perdiendo los pantalones por el camino, como elemento decorativo en medio del pasillo, sobre el parqué, arrugados; abrí el grifo del agua caliente de la ducha y mis manos rozaron mis muslos dejando caer el tanga al suelo, prenda que la perra se apresuró a tomar, como un trofeo, y salir corriendo antes de que pudiera arrebatárselo; la miré impasible y me adentré en la ducha dejando caer el agua sobre mi piel desnuda, frotando mi pelo con fuerza, como si así pudiera lavar los pensamientos, como si el agua pudiera arrancar la angustia, arrastrar la tristeza por el sumidero.... 

Sequé mi piel con una toalla enroscada en el pelo, y dejé caer la otra sobre la cama, elegí unos vaqueros ajustados del armario y con un poco de esfuerzo los enfundé en mi piel, después tomé un sujetador negro del cajón y con desgana lo abroché a la espalda, colocando bien los pechos dentro, para cubrirlo con una camiseta que escogí al azar del primer cajón que abrí; sin mucha dilación tomé unos zapatos y me cepillé el pelo, dejándolo a su aire, ni siquiera me molesté en maquillarme, prefería la naturalidad de mí misma, este baile no precisaba disfraz.

Salí corriendo y con la angustia anudada en el estómago recorrí la distancia que me separaba de su casa, conduciendo entre el despiste y la sumisión a los pensamientos, camino que conocía de memoria, sin prestar atención a las señales, ni siquiera a los límites de velocidad, la música sonaba en la radio sin siquiera servir de entretenimiento, tan sólo ruido, una compañía inútil ante el barullo que me golpeaba la sien. 

Por primera vez, encontré sitio para aparcar a la primera, sin a penas buscar, ¿sería aquello una señal del destino? creo que ni lo sé, ni quise saberlo, pues bajé del coche sin a penas pensar y me dirigí hacia su portal, subiendo los peldaños corriendo, como si alguien me persiguiera, ninguna lógica para ese comportamiento, hace tiempo que vivo en el universo de lo ilógico y de los comportamientos absurdos, hace tiempo que me dejé llevar por las emociones y los sentimientos y hoy, era la prueba de ello, sentía el miedo oprimiendo en el pecho y aún así corría hacia él. 

Abrió la puerta sin una sonrisa, le miré a los ojos y no pude evitar echarme a sus brazos, abrazar su cuerpo y besar sus labios, con miedo, rozando la timidez, como si se hubiera esfumado la confianza y la complicidad entre nosotros, caricias de unos labios que se rozan, con lenguas temerosas de entrar en la lucha encarnizada de los besos con pasión. Al final, la necesidad de sentirnos, la necesidad de sentirnos parte del otro pudo con el miedo y nos dejamos llevar por nuestros labios y nuestras caricias, sin cruzar el umbral de la entrada, en medio del pasillo, poseídos por la necesidad de sentirnos parte del otro. Me abracé fuerte a él y note su pene empalmado, no había mejor manera de sentir que aún me deseaba, que aún tenía ganas de mí y sentí como el flujo resbalaba por mi vagina empapando mis bragas mientras arañaba con mis uñas su espalda; él no lo dudó, se separó de mi y tomando mi mano guió mi cuerpo hasta la cama, en mis labios se dibujaba una sonrisa, mas los suyos permanecían imperturbables.... 

Desnudé mi cuerpo y me tumbé sobre la cama, esperando sentir su cuerpo sobre el mío, aún estaba vestido y recorría mi cuerpo con sus caricias, besos de una lengua que me hacía estremecer y decidí dejarme llevar, arrancar su ropa y sentir desaparecer el mundo entre sus brazos, sumisa, dejando que él marcase las directrices, dejándome llevar en este baile, desnudé su cuerpo y tomé su pene entre mis manos, mirándole fijamente a los ojos, aparté la mirada y comencé a jugar con él entre mis labios, introduciéndolo una y otra vez en mi boca, sus dedos jugaban con mi clítoris y me era imposible no abandonarme al placer, perderme en el despiste de mi lengua para gemir, jadeos de una garganta que impedían el juego de mi lengua en su prepucio, y le aparté la mano, aparté su mano para continuar con mi juego, haciéndole abandonarse en un orgasmo, con su cabeza arqueada hacia atrás, allí de rodillas sobre la cama, frente a mí.

Le podían las ganas de mí, y la sonrisa se volvió a dibujar en mi rostro cuando tomó un condón de la mesilla, y en mi picardía se lo arrebaté de las manos, poniéndoselo con la boca mientras jugaba con la lengua, necesitaba sentir que aún tenía más ganas de mí y me empujó sobre la cama, dejándome tumbada para penetrarme, poco a poco, con ese juego que me hacía enardecer de placer, entrando un poco y escapando de mis caderas, una y otra vez, mientras deseaba atraparlo entre mis piernas, pero volvía a escapar de mí, volviéndome loca de deseo, hasta penetrarme fuerte, de repente y hasta el fondo, haciendo que gritase de placer mientras él continuaba con el baile de nuestros cuerpos, llevando el paso en esa danza sobre las sábanas que me llevaba al orgasmo una y otra vez, tomando mi cuerpo bajo el suyo y rodando los cuerpos sudados para subirme sobre sus caderas, dejando que mostrase la danza de mis caderas como si de una exhibición de tango o salsa se tratase, sobre él, con el frenesí apoderado de mi cuerpo y los sonidos que emitía mi garganta, directos desde las entrañas cada vez que me invadía un orgasmo y mi cuerpo temblaba sobre el suyo, ahora de placer... 

Resbalé sobre su cuerpo y me deshice del condón, jugando con su pene en mi boca, recorriéndolo con la lengua una y otra vez, dejando que mi boga lo engullera hasta la garganta mientras mi lengua jugaba en su prepucio y no paré ese incesante movimiento hasta sentir el sabor amargo de su semen en mi boca, tragándolo sin dejar que escapase de mis labios, degustando el sabor que emanaba de él, como si se tratase de la última vez que iba a probar ese plato, pues así lo sentía al mirar a sus ojos, sentía la distancia y la frialdad cuando los cuerpos dejaban de sudar en las sábanas, y en ese baile sin disfraces que son las miradas, me sentía agazapada en un rincón, con las alas plegadas sobre mi cuerpo, mojadas por el rocío de la despedida, de un adiós no pronunciado, la congoja de sentir que esta era la última danza, la tristeza de este último tango mientras le sentía alejarse de este baile, aguantando con coraje y valentía, para no alzar el vuelo en su busca y convertirme en mendigo de sus caricias en una danza de pasos descoordinados.... 

sábado, 5 de octubre de 2013

Yo no quiero...








Yo no quiero una casa llena de lujos, quiero un hogar; 
no quiero un Mercedes en la puerta, quiero una mano que coja la mía cuando me caigo; 
no quiero diamantes, quiero alguien que me escuche cuando desahogo después de un mal día; 
no necesito joyas, si no una mano que seque mis lágrimas cuando estoy triste; 
no quiero comer en restaurantes caros, si no un abrazo cuando cocino; 
no quiero el perfume más caro, si no el aroma de la piel impregnado en mi cuerpo por el cariño; 
ni el mejor reloj en mi muñeca, prefiero un beso de buenos días; 
no quiero cosas que se rompan, quiero alguien que me ayude a recomponerme cuando siento que me rompo,
no quiero ni la luna ni las estrellas, quiero una sonrisa, una mirada que me haga temblar, saber que si tengo un problema puedo contar con esa persona.... porque esas son las cosas que me van a hacer sentir especial.....

martes, 1 de octubre de 2013

No eres tu






No es en tus manos donde habita el deseo, mas son estas las que encienden la llama cuando recorren mi piel.
No es en tus labios donde habita el miedo, mas son tus besos los que me hacen temblar.
No son tus uñas la morada de mi deseo, mas son estas clavadas en mi espalda las que erizan mi piel.
No son tus ojos los que iluminan mi camino, mas en su mirada encuentro las ganas de caminar.
No son tus brazos el aire que respiro, mas cuando me pierdo en ellos me dejaría morir en paz.
No son mis alas tu sonrisa, mas cuando me sonríes me siento levitar.
No eres tu el aire que respiro, pero cada bocanada de aire está empapada de tu esencia.
No eres tu la razón de mi vida, pero si el motivo de mi eterna sonrisa.
No eres tu, soy yo, pero si coges mi mano al andar, la vida es mucho mejor.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Mujer fría


Hoy has vuelto a visitarme tras mucho tiempo, hoy estas aquí, frente a mí, con un ramo de flores, un ramo de rosas blancas en la mano suplicando mi perdón entre lágrimas, diciendo que simbolizan mi pureza, pidiéndome que regrese a tu lado como si nada hubiera pasado, hoy estás frente a mí recordando los buenos momentos que pasamos juntos, las risas y los abrazos que hubo algún día cuando estaba a tu lado, las caricias que me dabas cuando me fundía desnuda bajo tu cuerpo, recordando mi imagen sonriente con un montón de peluches bajo el brazo cuando recorríamos la feria con un helado en la mano, los besos en lo alto de la noria cuando aprovechabas para abrazarme, como me mirabas cuando cruzaba el umbral de mi portal... y recuerdo todo eso y se me llena el alma de ternura de lo que fuimos algún día, recuerdo los buenos momentos que vivimos y sólo siento por dentro las ganas de rodearte con mis brazos y secar tus lágrimas, no puedo verte así... y recuerdo la fiesta de los fogones en la cocina cuando la ilusión de tu llegada era lo más grande, el ver la comida en dos platos sobre la mesa, el beso de buenas noches en la cama, el que dijeras "que rica esta la comida"... y me invade aún más la ternura, me invade aún más la nostalgia de lo que fue lo nuestro algún día...

Cierro los ojos y pensativa permanezco en el tiempo, pensativa me congelo en el momento cuando no encuentro el instante en que se perdió todo aquello, en que tus manos dejaron de tomar las mías al cruzar el umbral del portal y no puedo perdonarte, no puedo volver a tu lado cuando recuerdo que todo comenzó con las faltas de respeto, los portazos se convirtieron en tus manos golpeando mi cara al cerrar la puerta... y sentía vergüenza, sentía que yo provocaba tu ira, que mi comportamiento debía ser castigado con los morados de mis ojos que no cubría el maquillaje, mas intentaba taparlos en mi vergüenza, vergüenza porque los demás descubrieran que no me había quedado buena la comida, pues una inútil era cuando no sabía lavar las camisas, cuando las manchas de grasa en ellas se convirtieron en patadas en mis costillas y el dolor del alma paralizaba mi vida...

Pretendía que nadie se enterase de mi vergüenza cuando la violencia de tus manos se aplacaba con las lágrimas y el perdón, cuando era yo quien provocaba tu ira y cada paliza era merecida, intentaba tapar mi vergüenza cuando eras tu el que me quería, consejos sabios para convertirme en una gran señora, una mujer de su casa que actúa con sabiduría... mas siempre erraba en mis intentos y volvía a provocar la ira, patosa de mí cuando los vasos caen al suelo mientras los friegas y se hacen añicos, derroche de dinero en mis manos cuando las bolsas de la compra estaban medio llenas al entrar en el hogar, palabras que no debía pronunciar en el vecincario cuando sonreía y yo me ganaba cada paliza...

La vergüenza de mi misma, del aborto social que me sentía, se tornó en miedo y pasó al pánico cuando el dolor del cuerpo era nimio comparado al del alma, cuando ni siquiera el maquillaje cubría mi rostro por ser motivo de miradas, cuando los ojos se clavaban en mí por la calle observando las marcas que me cubrían y bajaba la mirada, más tu veías mi sonrisa y volvía a provocar la ira, cuando ponía todo mi empeño en volver a hacer una fiesta de la cocina y el plato se estrellaba contra los muebles o la sopa sobre mi cuerpo si estaba demasiado caliente... la alegría de escuchar la llave tintineando en el portal se convirtió en pánico al oirla y aun así no corría, no huía y mentía, mentía porque te quería... mas ahora siento lástima y aún cuando volvería a abrazar tu cuerpo y a sentir tus caricias mientras limpiaba tus lágrimas, no puedo, no puedo perdonarte, no puedo secar tus lágrimas mientras gimes frente a mí, de rodillas, suplicando mi perdón y que vuelva a ser parte de tu vida, mas no puedo porque tu me convertiste en fría, tu me arrebataste la vida el mismo día que te dije que esperábamos un hijo y negaste que fuera tuyo, palabras que mataban mi alma mientras tus piernas pateaban mi tripa y por mas que quería, no podía, no podía proteger su vida, como tampoco pude proteger la mía mientras el cuchillo atravesaba mi piel y mis lágrimas de nada valían... y no puedo perdonarte, porque tú me convertiste en una lápida fría que ahora adornas con flores y abrazas... mas ya no puedo perdonarte vida mía, ahora soy una mujer fría...

viernes, 13 de septiembre de 2013

El morir del miedo



Inseguridades de mí misma cuando me sentía triste sin motivo, lágrimas que ruedan por mis mejillas al notar el miedo correr por mis venas, las alas pegadas al cuerpo, las plumas mojadas y me empequeñezco, incapaz de alzar el vuelo, agazapada en un rincón, suspiros y el silencio, lágrimas que cortan la piel como el hielo y el dolor, ese dolor que se clava en el pecho y te acongoja, te hace sentir aún más pequeña, más encogida con cada punzada que se clava en el pecho... ese miedo que parte el alma en pedazos y mis manos intentando recogerlos, no los encuentro, no los veo, tengo los ojos abnegados en el llanto en que me pierdo, el rímel resbalando por mi rostro y lloro, lloro en silencio, pequeña en la inmensidad del suelo que evita que caiga más profundo. 

Siento una mirada de compasión, un abrazo que no rompe el silencio y me dejo caer en sus brazos, agazapada en el suelo, con mi cabeza hundida en su pecho, lloro, lloro sin decir palabra, lloro en un lamento sinsentido, fruto de la sinrazón, de los pensamientos más ilógicos y me siento morir por dentro.... Me mira con pena, sin saber qué hacer, sin saber como calmar este ilógico sufrimiento y permanece ahí, en silencio, acariciando mi pelo con una mano, la otra, secando las lágrimas de mis mejillas. Pierdo la noción del tiempo, pierdo la noción del mundo, y hasta de mi existencia, hasta que su mano levanta mi rostro, me mira a los ojos y obligando a mi mirada a permanecer frente a la suya me dice: "yo te quiero". Besa mis labios con suavidad y me abraza fuerte, como si en ese abrazo quisiera dejar que fluyeran los sentimientos, un abrazo que me llena por dentro, reconfortando los pedazos que rugen en mi interior como un sonajero....

No sé cuanto duro ese abrazo, no sé cuanto tiempo permanecí perdida entre sus brazos, absorbiéndo cada átomo del olor de su piel, guardándolo en lo más profundo de mi memoria para recordarlo en su ausencia, recorrí cada centímetro de su cuello con mi nariz, rozando su piel con mis labios, lenta y suavemente, me detuve exhalanado mi aliento en su oído y no pude evitar mordisquear su oreja, con delicadeza, con suavidad.... Volvió su rostro y besó mis labios de nuevo, cerré los ojos y me dejé llevar, sus labios resbalaban por mi barbilla, recorriéndome con pequeños besos, deteniéndose en mi cuello, con pequeños mordiscos y juegos de su lengua que hicieron que de mi garganta se escapara un jadeo, respiración entrecortada, justo en su oído.

Se levantó lentamente y tomó mi mano, tirando de mí para levantarme del suelo, me colocó delante de él y abrazando mi cintura, me guió por el pasillo hasta el dormitorio, no hizo falta de seña alguna para que supiera que quería que me tumbase sobre la cama y obedecí sumisa, abrazó mi cuerpo y me besó con mucha dulzura. De la mesilla de noche tomó un antifaz y cubrió mis ojos con él, a pesar de no poder ver nada, cerré los ojos y me dejé llevar, la excitación de no saber que me depara en cada momento, ese abandono y sumisión a su antojo, podría hacer conmigo lo que quisiera, no iba a decirle que no a nada, hoy no.

Sus labios comenzaron a recorrer mi cuerpo, comenzando por el cuello y bajando por mi pecho, en el camino, se deshizo del sujetador que tapaba mis pechos y se entretuvo conversando con mis pezones, una conversación que mi garganta seguía con jadeos, al sentir sus labios jugando con mis pezones, mordisqueándolos con delicadeza, besos que bajaban por mi cintura y jugaban con mis muslos, recorriendo mis piernas y volviendo a mi vientre. Sus dedos jugaban lentamente con el tanga, rozando suavemente mi clítoris con él, una precisión en los movimientos que me excitaba enormemente, que me hacía suspirar, jadear y gemir al mismo tiempo, allí, sumisa, abandonada al antojo de sus deseos con los ojos cubiertos. Placer de caricias y besos, dulzura vainilla que reavivaba mi cuerpo y me hacía desplegar las alas de nuevo, recomponiendo los pedazos con cada beso y la suavidad de sus manos erizando el vello.

Me quitó el tanga negro y una vez estaba completamente desnuda, aún con los ojos cubiertos, sentí su aliento entre mis piernas, no me había rozado, mas podía sentir su respiración ahí cerca y sus uñas recorrieron mi espalda mientras su lengua rozaba mi sexo, húmedo, humedeciéndose aún más mientras jugaba con él, gemidos de mi garganta y mis dedos agarrando las sábanas, como si quisiera arrancarlas.... entonces trepó sobre mi cuerpo, sentado a orcajadas sobre mi pecho, jugando con su pene en mi boca, me lo daba y me lo quitaba en ese juego, mi boca abierta, mi lengua en su busca, como un niño que busca la piñata de cumpleaños, no podía ver nada, pero sentía sus jadeos cuando mi lengua rozaba su pene, cuando se abandonaba al placer de dejar que lo recorriera con mis labios una y otra vez, y volvía a quitármelo, y volvía de nuevo a dejar que se perdiera en mis labios, estaba muy excitado y una bofetada en mi cara hizo que rugiera la fiera que llevo dentro.

A tientas empujé su cuerpo sobre la cama y me subí sobre él, con su pene colocado entre mis piernas, jugando con mis caderas sin dejar que entrara dentro, mi lengua recorriendo su cuello, mis dientes mordisqueando su oreja y con las caderas empujaba, intentando penetrarme, aún no veía nada, no lo necesitaba, conozco ese cuerpo de memoria, donde está situado cada músculo, cada poro de su piel... Ahora era yo quien jugaba, aún sumisa a su antojo, le tenía sumiso al mío y cuando no lo esperaba, mis caderas bajaron, dejándolo completamente dentro, moviéndose despacio, sentada sobre él, húmeda, cada vez más húmeda con la lentitud y profundidad de mis movimientos erguida sobre él, no le veía, pero me estaba observando, disfrutando del placer de verme gemir, sentada sobre él, balanceando mis caderas sosegadamente y en ese sosiego, un gemido fuerte de las entrañas, mi cuerpo que se encoge y tiembla, se pierde en los espasmos sin respiración y cae rendido sobre él con una sonrisa en los labios; abrazó mi cuerpo acarició mi pelo y con un beso llenó aún más de color esa sonrisa, disipando cualquier fantasma que pudiera haber quedado perdido por ahí dentro.

Movió sus caderas y ahí comencé a moverme con un ritmo frenético, un azote que me excitó aún más y seguí, continué con el movimiento, dejando mi mano en el aire para abofetear donde adivinaba que estaba su cara, golpe certero cuando de su garganta se escapó un gemido y sentí su pene más duro aún rozando mi vagina, se deshizo de mi antifaz sin que parara de moverme, sus uñas en mi espalda de nuevo, gemidos que se convertían en gritos cuando me asolaban los orgasmos como huracanes devastadores y no podía parar de moverme, no podía parar de mover mis caderas hasta que el número de orgasmos que azotaba mi cuerpo era ya tal que la sensibilidad se hacía insoportable y dejé caer mi pecho sobre el suyo, una sonrisa en los labios y de nuevo un beso, y el rodar sobre las sábanas para quedar prisionera bajo su cuerpo, el movimiento de sus caderas destrozando mi garganta entre gemidos y gritos, una torta en la cara y se me encoge hasta el vientre con la oleada de placer que me provoca esa dominación, un no te corras y me voy de nuevo, y mis uñas en su espalda, haciendo convulsionar su cuerpo, rostros desencajados y esas descargas que te hacen subir y bajar del cielo al infierno y volver de nuevo....

Y así permanecimos, rodando sobre las sábanas hasta perder la consciencia, hasta no saber si estábamos en el cielo o en el infierno, hasta caer rendidos los cuerpos, con la piel sudada, oliendo a sexo, abrazados el uno al otro, con sus dedos enredados en mi pelo, la sonrisa dibujada en el rostro pero aún más grande en la mirada, un mar de palabras que se escapaba del brillo de los ojos y en mi cabeza unas palabras que hacían eco "mi niña, mi amor", palabras que alimentaban la pequeñez de mi cuerpo, ya no cabía dentro de mí misma, mucho menos los fantasmas que estrangulaban mis pensamientos y me abandoné a la dulzura del sueño, con la cabeza sobre sus pecho y sin ningún miedo....










lunes, 9 de septiembre de 2013

Mi último aliento


Estoy en medio de la nada, sólo campo, el trinar de los pájaros, el olor de la naturaleza y yo, yo aquí sentada, con "November rain" sonando en mis cascos, cierro los ojos e inclino la cabeza hacia atrás mientras aparto el pelo de mi cara casi tirando de él, una pregunta a mí misma, ¿por qué? una pregunta que ni siquiera yo misma sé como comenzar a contestarme, son tantas las respuestas, tantas las dudas que invaden mi mente.... 

Le doy una calada profunda al cigarro con los ojos cerrados, disfrutando de la melodía y una imagen ronda mi mente, esa mirada clavada en mis ojos, cargada de dulzura, mientras me sonríe y su mano acaricia mi rostro con suavidad; entonces respiro hondo y vuelvo a pensar, mi perturbada mente se imagina el momento de mi muerte, ese instante justo antes de exhalar el último aliento, y me dejo llevar, tomo oxígeno como si fuera la última vez que fuera a respirar, mi última bocanada de aire.... 

Una turba de imágenes recorren mi mente, y ahí está mi madre, entrando en mi cuarto con un tazón de caldo caliente cuando estoy enferma: Él colocando mi pajarita con una media sonrisa cuando se ha descolocado. Mi padre dándome un beso y diciendo "si es que cuando quieres....". Él tumbado sobre mí en el asiento trasero del coche, abrazándome, mientras me mira sonriente y no puede dejar de besarme y acariciar mi piel con la sonrisa en los ojos y la vista de la ciudad al fondo.... Esas copas de última hora donde mi hermano se enorgullecía de hermana diciendo que vale su peso en oro. Esos abrazos en la sala de espera de urgencias del hospital, con la mirada compasiva al sentirte enferma. Esas noches inesperadas con los amigos, en las cuales no existía ningún plan y acabas al amanecer con una sonrisa en los labios y el placer de saber que estabas con gente de verdad. Y de nuevo él, con una mirada sabiendo que necesitas un abrazo y protegiendo mi cuerpo al calor de sus brazos... 

Otra bocanada de humo en los pulmones y el aliento de la muerte asolando mi pequeño cuerpo, y él ahí, sobre mí, buscando hacerme tocar el cielo con cada movimiento. Esa mirada orgullosa de mi padre cada vez que supero un reto. Esas noches de fiesta, rodeada de gente y su sonrisa en la mirada, diciendo, eres única entre lo que te rodea. Ese humor complaciente de mi madre cuando te ve ayudándola en las tareas del hogar. Ese camino de velas en el pasillo, que tatuó una sonrisa imborrable hasta el final de mis días en el baúl de los recuerdos.... 

Cambia la canción, "Don't wanna miss a thing", se me eriza el bello y recorre mi mente cada beso, cada caricia en mi mejilla, cada sonrisa, cada mensaje de buenos días arrancando una sonrisa, ese interés por saber como estoy en cada momento, ese beso de buenas noches si no está en mi cama, mi cabeza recostada en su pecho mientras acaricia mi pelo hasta caer dormido, cada palabra bonita que me dedica y hasta las que van con ironía... y me sonrío a mi misma, me sonrío a mí misma porque ya puedo morir tranquila, esta es mi última exhalación, la ultima bocanada de aire en mi cuerpo, mi último aliento... y de los diamantes, no hay resto en mis pensamientos..... sólo de esos pequeños grandes momentos como esa mirada al terminar de leer un papel quemado escrito con la sangre que brota de los sentimientos, esos pequeños momentos que realmente me han hecho feliz hasta hoy, el día que me despido de todos ellos..... y me despido con una sonrisa, el aire ya no llega a mis pulmones y las lágrimas ruedan por mis mejillas, mas no estoy triste, no puedo estar triste porque he tenido los regalos más grandes, aquellos que no se compran con dinero, aquellos imposibles de pagar..... 

martes, 3 de septiembre de 2013

Y allí estaba él



Allí estaba yo, nerviosa como una niña de quince años ante lo desconocido, observando el escaparate de la tienda donde había quedado. 
Allí estaba yo, sintiendo las miradas en mi cuerpo, escuchando improperios y piropos que no deseaba escuchar en ese momento. 
Allí estaba yo, sin saber que hacer, con el miedo supurando en cada poro... 
Allí estaba yo, intentando parecer segura, intentando engrandecer mi ser, con cada músculo temblando bajo la piel....
Allí estaba yo, intrigada, buscando su mirada entre la gente, irónica al desear salir corriendo cuando pensaba en la lógica de mis acciones en aquel momento.
Allí estaba yo, con un nudo en el estómago, deseando empacharme de su cuerpo sin conocerlo.
Allí estaba yo, impulsiva por estar allí, por haberme atrevido a semejante gallardía, retraída en cada movimiento.
Allí estaba yo, plantada en medio de la calle, sola, rodeada de una marabunta de gente ajena a la marejada de mis pensamientos, sonriente....

Y allí estaba el, avanzando con paso firme, con esa irresistible sonrisa que tornó seria al acercarse... 
Allí estaba él, con sus virtudes y sus defectos tatuados en cada poro de la piel.
Allí estaba él, con sus inseguridades y miedos abanderados por su ego, peleando con el mío.
Allí estaba él, con el sufrimiento de su corazón, cargado de temores ridículos.
Allí estaba él, injusto consigo mismo, con la culpabilidad en en su conciencia.
Allí estaba él, consumiéndose poco a poco, ardiendo en las cenizas de si mismo, sin saber que para ella, ya era perfecto en todas sus facetas. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Emocionante lectura....



Me tumbé sobre la cama con un libro entre las manos, estirada, boca abajo, con las piernas abiertas disfrutando de la luz que se colaba por la ventana, de la apacible lectura y el silencio que reinaba en el ambiente, viajando lejos entre las líneas de ese libro de tintes eróticos, evadiendo la realidad con cada línea que me absorbía... Mi paz se vio alterada al escuchar el ruido de la puerta y un hola familiar, llegó y se fue directo a la cocina, sabía que iba a buscar agua en la nevera, conocía cada uno de sus movimientos al entrar y permanecí impasible en mi mundo, asomó a la habitación, como solía hacer siempre y trepando por encima de mi cuerpo me dio un beso antes de irse a la ducha, como hacía siempre, pero sentí su presencia ahí parado, tras de mí, observándome, y un azote hizo que se estremeciera mi cuerpo, que se me entrecortara la respiración.

No podía mover mi cuerpo, permanecía quieta, con el libro entre las manos, observando a través del espejo como estaba de pie, parado tras de mí, mirando mi reacción a través del espejo, y su mano volvió a golpear mi trasero, mientras observaba la mueca de placer que se dibujaba en mi rostro se le aceleró la respiración y en un movimiento brusco sus manos arrancaron mis pantalones y bragas de una vez, acelerando mi pulso aún más se tumbó bruscamente sobre mí y me penetró sin miramientos, haciendo que el libro cayera al suelo, embistiéndome una y otra vez, mientras su lengua recorría mi cuello y mi oreja y no podía evitar la cabeza y morder las sábanas para evitar gritar de placer, la excitación de esa brusquedad, improvisación y deseo que mostraba por mi cuerpo me llevaban a humedecer hasta las sábanas que se arrugaban bajo mi cuerpo, inmóvil. No pude evitar que mis caderas buscaran más juego, más placer y me embistió mas fuerte, haciendo que mordiera las sábanas para ahogar el grito que salía de mi garganta pero sus manos agarraron mi pelo, obligando a mantener la cabeza en alto, mientras me gemía al oído:

   - Te gusta que te folle puta

y cada vez me embestía más fuerte, cada vez me llamaba puta con más rabia y me pedía que gritara

- "te gusta eh!"

y la excitación de sus palabras se sentía en mi cuerpo, cuando no podía evitar gritar de placer, ni controlar los orgasmos que me venían, que invadían mi cuerpo sin control, sin una pausa para respirar entre cada embestida, sin tregua para tomar aire y dejar que que mi cuerpo perdiera esa sensibilidad que lo azotaba cada vez más fuerte, no podía moverme, las uñas clavadas en el colchón y su cuerpo sobre mí, castigando al mío, hacíéndo que mis ojos se salieran de sus órbitas y no pude contener un grito fuerte cuando sus uñas se clavaron en mi espalda y sentía como se encogía sobre mi cuerpo, mientras el mío temblaba y se retorcía en la dulzura de sentir su orgasmo me azotó el mío... y permanecí ahí, inmóvil, con su cuerpo sobre el mío, la piel de ambos sudada y la mirada perdida en el libro, abierto al azar, emocionante lectura.... 


jueves, 29 de agosto de 2013

La muerte en un beso

Salí de la ducha con la toalla enroscada al cuerpo y otra en el pelo, sin más, una cita más, una espina clavada en la mente de este súcubo, una víctima más que devorar con furia y alzar el vuelo... Abrí el armario y elegí una falda de volantes, muy corta, mostrando mis muslos y dejando marcada la figura de mi trasero, provocaciones al deseo culminadas con un corsé que marcaba mis grandes pechos y la curva de la cintura; lo coloqué todo sobre la cama y me fui secarme el pelo, completamente liso, cayendo como dagas que se clavarían en su alma, pensé mientras me miraba en el espejo, y tomé el estuche del maquillaje para marcar el fuego de mi mirada. Me miro de reojo y me veo simplemente divina, una mueca de sonrisa en mi rostro y acudo saltarina sobre la cama, me visto con presura y salgo corriendo de casa, ensimismada en mis pensamientos, acudo a su encuentro ¡cuatro copas, puro sexo y desaparezco!

Estaba allí, apoyado en la barra, con su cerveza en la mano, mirándome como un chiquillo nervioso, con una sonrisa en los labios, que volvió seria al aproximarme a él, mientras mi sonrisa pícara permanecía intacta, un saludo y comenzaron las risas entre tragos, más no duró mucho la entrega a la bebida, descuidé mi control del juego y su mirada se cruzó fija con la mía, penetrando en mis ojos la desnudez de los suyos, y mientras mi mano rozaba su piel suave en lo que era un descuido intencionado, un escalofrío invadió mi cuerpo, me sentí temblar y sentí como cambiaba el semblante de mi mirada, ya no era pura provocación, ya no era la mirada del súcubo de fuego, sentí que se me escapaba el alma al mirarle y en un intento por atraparla, me perdí aún más en el inmenso mar de sus ojos dejando que mis labios rozaran los suyos y me atrapara en un beso, dulce, intenso, cargado de deseo, lleno de sentimientos..... un beso que supondría la muerte de esa fiera que había invadido mi cuerpo.

Ni siquiera recuerdo como desaparecimos del gentío, no recuerdo que mis pies tocaran el suelo, ni que mis alas alzaran el vuelo, cruzamos el umbral del portal y apareció el súcubo que alberga mi ser, besándole con furia, puro fuego en cada caricia mientras le arrancaba la ropa, puro deseo, puro fuego en sus manos que iban deshaciéndose de mis prendas sin separarse de mis labios, mordisqueando el labio inferior y haciendo arder mis entrañas cuando sus labios resbalaban por mi cuello... Jadeos de una garganta acelerada que se convirtieron en gemidos cuando sus labios rozaron mis pezones y sus dedos resbalaron por mi cintura, bajando por mi sexo y penetrando en un juego dulce y acelerado al mismo tiempo, quemando las entrañas, haciendo temblar mi parte humana, haciendo temblar al súcubo....

Disfruté de cada caricia, de cada estímulo en mi piel, esas manos hacían que me retorciese sobre las sábanas, encogiese mi cuerpo y no pudiera siquiera pronunciar una palabra, haciéndo gritar mi garganta cuando sobre mí me penetró y comenzó el baile de sus caderas, marcando un ritmo que las mías se empeñaban en seguir, buscando un placer mayor aún, si era posible, orgasmos que se sucedían uno tras otro, pero no apagaban el deseo, mis uñas clavadas en su espalda y la humedad de mi sexo empapando sus caderas que me golpeaban una y otra vez.... hasta que cayó sobre mí, jadeando, con la sonrisa grabada en la mirada de ambos, los cuerpos cansados y otra vez el temblor de mi cuerpo cuando me sorprendió con la dulzura de un beso en la frente, mientras sus mano acariciaba mi rostro apartando el pelo de la cara. 

Sentía el cansancio, más no podía parar, había perdido la noción del tiempo, todo contacto con el suelo, no existía más mundo, sólo el de su mirada y me giré en la cama, colocándome sobre él, aún con su pene dentro de mí, le besé los labios y comencé a mover mis caderas con suavidad, buscando un roce completo, profundo, lento y muy placentero.... mi espalda arqueada, la cabeza mirando al cielo, gemidos cada vez más fuertes, y las ansias de placer se apoderaron de mi cuerpo, frenesí de los movimientos hasta que un grito fuerte atronó contra las paredes y no podía parar de temblar, no podía controlar los movimientos de mi cuerpo, explosión de placer en mi interior y la onda expansiva del suyo, que se encogía debajo de mí, con las uñas clavadas en mis caderas, apretándome fuerte contra él y de nuevo el movimiento lento de mi cuerpo, disfrutando de los temblores, disfrutando al ver que no puede parar de encogerse si no paro de moverme y me invade otro orgasmo, y otro, y otro, hasta que el placer se hace insoportable para ambos y me abraza fuerte, inmovilizándome, pegada a su piel, ambos sudados, la sonrisa en los labios, y mi mirada de nuevo perdida en la suya, no la veo, pero sé que destila ternura, que está cargada de brillo y en ella no queda ni rastro de la fiera que devora a cada una de sus víctimas... y allí permanezco inmóvil, agotada, incapaz de alzar el vuelo, y allí me quedo, dormida, sonriente, tranquila, sabiéndome protegida incluso del ataque del más feroz de los kraken.... 
 


Por tí me desangro al escribir....

sábado, 27 de julio de 2013

Mirada lasciva

Hacía tiempo que no nos veíamos y era como si volviera a tener quince años de nuevo, el nerviosismo en el cuerpo, las palabras atascadas en la garganta, todas esas cosas que había pensado decir, esas conversaciones planificadas en mi mente, se esfumaron todas, se esfumaron con las palabras que no pronunciaba, largos silencios que se volvían incómodos, la mirada cargada de brillo y la sonrisa permanente....

Delante de mí él, mirándome fijamente, con su sonrisa de medio lado, sus preguntas de conversación de desconocidos y de repente, sin pensarlo, sin ser capaz de frenar las palabras que salían de mi garganta, allí, en aquella terraza, rodeados de gente, cargada de inocencia sembré la magia del súcubo que desplega las alas en mi ser al decirle:

- Y a tí, ¿qué es lo qué más te gusta de mí?

Mi rostro era el de un ángel pero la sonrisa pícara de diablilla rezumaba en mi cara jamás colorada, observándole fijamente mientras me sentía estúpida por haber formulado una pregunta tan infantil. Él me miraba fijamente, sin expresión, unos segundos que me parecieron eternos, hasta que sus labios se movieron.

 - ¿De verdad quieres saberlo?

 - Sí 

 - Tu mirada mientras me la chupas

De repente, mis ojos se abrieron como platos, noté el ardor de mi entrepierna subir por mis mejillas, el ardor de la lascivia que me quemaba por dentro, y el fuego emanaba en mi mirada al recordar esos momentos entre nosotros, mas no podía reaccionar, con la boca entreabierta, los labios separados... 

 - Esa, esa es la mirada que pones, y esos labios, son los mismos con los que te acercas para comérmela. 

Sin pensarlo, me levanté de la silla, arrojé un billete de cinco euros sobre la mesa, tomé su mano y tomé su mano, tirando de ella para que me siguiera, caminaba delante de él, subida sobre mis tacones de aguja y no necesitaba mirar para saber que observaba mi culo al caminar, marcado por una falda de tubo muy ajustada, hasta la altura de medio muslo, dejando al descubierto mis piernas. Ni siquiera preguntó dónde íbamos, no pronunció palabra, tan sólo una sonrisa en sus labios cuando vió que mi mano empujaba la puerta del baño de mujeres.

Le empujé contra la pared y besé sus labios mientras desabrochaba el botón de sus pantalones. Me deslicé hasta quedar de cuclillas frente a él y sin dejar de mirarle a los ojos, bajé sus pantalones y sus calzoncillos, dejando su pene indefenso frente a mí, justo a la altura de mi cara, de nuevo, en la suya se dibujó una sonrisa de medio lado mientras mis dedos acariciaban sus testículos, mas esa sonrisa se borró en cuantos mi lengua rozó su prepucio con una lametada juguetona, seguida de mis labios mordisqueados por los dientes y de nuevo mi lengua recorriendo su pene. Me miraba fijamente y yo a él mientras mi lengua recorría su pene entero, desde el prepucio hasta sus huevos, jugando con ellos, dejando que mis labios los engulleran enteros, hacíéndolos desaparecer mientras mi lengua jugaba con ellos y mis dedos, que agarraban con fuerza su pene, lo acariciaban, con dulzura, con firmeza, con fiereza, igual que mi boca cuando introducía su prepucio dentro, caricias de los labios y mi lengua haciendo círculos en su prepucio, caricias de mis dedos... consecución de una cosa, de otra... y su mirada que no podía más y miraba al techo mientras jadeaba. 

Yo no pensaba parar, me excitaba esa escena, la imposibilidad de mantenerme la mirada, su jadeos entremezclados con los gemidos, la posibilidad de que alguien entrara y nos viera allí, saber que se veía en el espejo, poseído por mí, por mi boca, por mi mirada lasciva... y el juego de mis labios continuaba recorriendo su pene, húmedo por la saliva de mi boca, la lengua jugando con su prepucio cuando desaparecía, cuando mis manos acariciaban su pene y mi boca permanecía abierta, con la lengua fuera, propiciando un sinfín de lametadas a su prepucio. Hizo un amago de apartarme con su rostro desencajado y volví a mirarle a los ojos, más permanecí inmóvil, mi mano masturbando su pene, mi boca abierta y la lengua chupándolo, la mirada clavada en él con un gesto de aprobación y la sonrisa en los labios cuando estalló de placer mirando al techo y su semen se estrellaba contra las pareces de mi boca, salpicando la comisura de los labios y él ahí, totalmente indefenso, observando la lascivia de mi mirada mientras en sus labios había una media sonrisa mordida por sus blancos dientes... 

Ardía de excitación entre mis piernas, húmeda, muy húmeda al disfrutar del placer de sentirle satisfecho, terriblemente excitado con el juego de mi lengua relamiendo el semen que salpicaba la comisura de mis labios..... 


lunes, 9 de julio de 2012

Y sin quererlo, me pillaste desprevenida y cruzaste las barreras, atravesaste las fronteras que me llevan a amar; compraste a los guardianes de mi corazón con tu sonrisa, anulaste toda defensa con el hipnotismo de tu mirada, y ahora, me siento indefensa... soy tierra conquistada!!!

sábado, 26 de mayo de 2012

Me hundo en un mar de fangos, arenas movedizas que engullen mis sonrisas cuando las carcajadas sonoras esconden ríos de lágrimas y el mejor de los chistes no es si no el indicativo de que me caigo y necesito que cojas mi mano cuando lo tengo todo, y siento que no tengo nada, cuando se me revuelven las entrañas al sentir el anhelo de sólo una mirada.....

domingo, 26 de febrero de 2012

Golpes del deseo

Me desperté y con las legañas aún en los ojos, visité el baño como un autómata, mirando mi reflejo en el espejo del baño, como si fuese una desconocida la del reflejo, esa chica de cabellos rojos, ataviada con una camiseta verde, ajustada a su esbelta figura, dejando los hombros al descubierto, definiendo aún más sus brazos de músculos marcados, bajo la cintura, tan sólo unos pantalones naranjas, dejando entrever la mitad de su redondeado culo.

Sin quitar las legañas de los ojos, me encaminé hacia la cocina, preparando un café con presura cuando la necesidad de despertar apuraba en el reloj, y aún sin ser persona, tomé con pasmosa calma el primer sorbo de ese café y me encaminé con la taza hacia la habitación, dejándolo sobre la mesilla, para tomarlo a sorbos mientras vestía mi cuerpo para ir a trabajar, sin ganas, pero sin remedio.

Comprobé el móvil mientras encendía un cigarrillo, tan sólo unos cuantos correos comerciales, nada sustancial que hiciera exaltar mi cuerpo, metí el móvil en el bolsillo de la cazadora, cogí el tabaco y las llaves del coche y salí por la puerta de casa, una ráfaga de aire fresco que me hizo despertar al instante y apresurarme en llegar al trabajo, con el frío en el cuerpo….

Al llegar, volví a mirar el móvil antes de posarlo sobre la mesa de la oficina para cambiarme de ropa, sentía como si me faltara algo mientras las prendas caían sobre una silla y otras más desgarradas vestían mi piel de nuevo, con el apremio de la hora tardía y el frío, pensamientos lentos en la cabeza cuando ni siquiera era consciente de los pensamientos agolpados en la sien, pero añoraba algo, sin saber describir el que…

Bajé las escaleras de la oficina y, justo en el último peldaño, cogí el móvil del bolsillo con intenciones de escribir un mensaje, más el arrepentimiento se apoderó de mí en el último momento y no lo hice, volví a depositar el móvil en el bolsillo, reprimí los deseos y me encaminé a mi puesto de trabajo, pensativa la jornada laboral, agradecimiento al afanamiento que no permitía que mis dedos tecleasen deseos y le dieran a la tecla de enviar.

Eran las diez de la mañana, el sol brillaba con fuerza, canícula insólita en invierno y me senté sobre una pequeña tapia de hormigón, observando los animales recién alimentados, saltando en su espacio, pequeñas criaturas que juegan frente a mí, y un gato, a penas salvaje hace unos meses, que se acerca a mí reclamando caricias a base de maullidos, reclamando unas manos que jueguen con él mientras clava sus uñas en mis pantalones, señuelo de provocación para mis manos que se deslizan sobre su lomo, con la mente ajena a lo que me rodea… No puedo apartar su mirada de mi mente, la imagen de sus hombros musculados me golpea una y otra vez los deseos y me siento cuitada, me golpea el deseo una y otra vez por dentro, pero siento que es mejor el silencio, y en él me pierdo.

Llego a casa y preparo otro café con leche, esta vez lo tomo con más calma aún, sentada en mi sillón de cuero, frente al ordenador, una tregua al azogue que vive mi cuerpo en los últimos tiempos mientras ordeno papeleos y trámites administrativos, y los deseos que golpean una y otra vez, imposible mantener la concentración y me encamino a la ducha, necesito sosiego.

Observo caer las prendas al suelo con delicadeza, sin prisa, enciendo los grifos del agua caliente y me planto delante del espejo, sólo con unas braguitas puestas que resbalan por mis muslos, quedando atrapadas entre mis tobillos, pisoteadas antes de sumergirme en otro mundo.

Chorros de agua caliente que envilecen mi cuerpo mientras los músculos se distienden y mi cabeza vuela con el vaho que inunda el pequeño baño, vuela con las manos que acarician mi piel, vuela con los pensamientos cuando arden igual que el agua que recorre mi piel, completamente desnuda, ojos cerrados bajo el agua mientras las manos que acarician la piel resbalan con los axiomas del deseo.

Mutismo de unos labios que no son capaces de revelar sus más ígneos deseos cuando hoy debía ser prisionera bajo su cuerpo, pusilánime frente al súcubo que llevo dentro, solitaria en la ducha, chamuscada por los deseos de sentir su piel, ese olor que hace estremecer hasta las entrañas de mi ser cuando sus manos aferran mi pelo y vuelve a mí, regresa entre los recuerdos el olor de su piel después del sexo, caos al raciocinio cuando ya no soy yo, ya no controlo mi cuerpo, ni la humedad que escurre entre mis piernas…

Me pueden los deseos, se hace insoportable la realidad en el anhelo y siento mis gritos por dentro cuando muero en la hoguera de los sentimientos y la distancia se me hace eterna, súcubo de alas rotas que no vuela a su paraíso infernal.

Agua que resbala por este pequeño cuerpo, de alas mojadas que ya no vuela si no en sus pensamientos, deseando que aún con las gotas de agua escurriendo sobre su cuerpo, sus manos se aferren a mi cuello y me tumbe sobre la cama, con la violencia de los deseos por poseer mi cuerpo, más que sentir el miedo ante la violencia, una oleada de envalentonamiento invade mi cuerpo en exceso, con la excitación exaltada y la mirada fija, desafiante y provocadora, invitando a que sus manos separen mis piernas y su lengua se pierda entre mis muslos, jugando con ellos como si fuese un suplicio para mi cuerpo, sabedor del inevitable final, consciente de la tortura, rebuscando el roce de su lengua en el clítoris, que se ofrece, escondido, rojo como una fresa, deseoso de pasión desenfrenada. Un suave mordisco en los labios de mi vagina y un gemido al sentir el roce, caderas que se revuelven, buscando una penetración más que deseada, y su lengua que sigue jugando, dulce martirio mientras una mano aferra mi cara, manteniendo la mirada en él y un dedo que resbala mi mejilla, perdiéndose en mis labios a la vez que sus caderas se ponen a la altura de las mías y su polla se pierde entre mis piernas, un gemido brota de mi garganta y la fustigación de los deseos hace revolotear mis caderas buscando más placer en cada movimiento mientras su mano agarra mi cuello, intentando dominar la pasión salvaje que desata la bestia del súcubo que llevo dentro.

Me revuelvo como fiera desatada sobre las sábanas y aferrando sus muñecas me coloco sobre su cuerpo, cabalgando cuan amazonas, dando paso al galope desenfrenado, sintiendo el roce de su pene en mis labios, sintiendo el roce de su polla en mi clítoris en cada penetración y los jadeos resultan suspiros, cerca de su oído mientras agarra con fuerza mi pelo y los gemidos brotan de mi garganta cuando me embiste con fuerza y la humedad de la calentura que hay bajo mi cintura brota por los muslos, resbaladizos, dulzura de las mieles de mis entrañas que revelan el secreto de la excitación descontrolada.

El rostro desencajado por el placer, escondido en su cuello, percibiendo el olor de su piel que tanto me excita en el sexo y otro tirón en mi pelo mientras la otra mano busca hacerme gritar de placer extremo, jugando en mi culo, buscando saciar todas las vías de deseo, y un gruñido feroz en mi garganta cuando sus dedos penetran mi culo y soy domina descontrolada sentada sobre su cuerpo, jugando con su pene y su dedo en cada movimiento, sobre su polla completamente dentro, una mano que me aprieta el pecho y me muevo extenuada por el placer que me corrompe por dentro, ya no soy yo, yo ya no tengo un ápice de control sobre mi cuerpo cuando cada desliz es en busca de un placer aún mayor, mordiendo el labio inferior para no gritar, los ojos fuera de sus órbitas y el roce de su polla, dentro, me hace estremecerme y encogerme del placer, erguida, sobre su cuerpo tumbado sobre la cama, temblando de placer mientras me dice que le gusta verme así y tiemblo, tiemblo y los escalofríos se apoderan de mi, como latigazos de corriente, mientras me corro, con la respiración entrecortada, y en el placer de verme en ese placer descontrolado, sintiendo como se cierran todos los agujeros de mi cuerpo ante el tormento de placer que me sacude por dentro, no puede evitar que su semen estalle contra mi coño, mezclándose con los flujos que manan de mi interior y ahora tan sólo los despojos de dos cuerpos, inmóviles, intentando recuperar la respiración, con una sonrisa en los labios y pequeños temblores que aún sacuden la carne….

jueves, 17 de febrero de 2011

Presentación de El otro lado del Espejo



Ya está en papel el especial erótico de El otro lado del Espejo, en el cual colaboro con uno de mis relatos.

La presentación será el martes 1 de marzo a las 20:00 en la librería tres rosas amarillas de Malasaña, en la cual participaré con la lectura de mi relato y tanto a mí como a los compañeros que colaboran en el especial nos gustaría contar con todos vosotros en la presentación. Será una bonita noche de literatura al borde de la delicia....

Nada más. Si acaso, déjense llevar por el juego: Abran la boca, solo un poco, un centímetro, no más; paseen la lengua por los labios, despacio, en círculo; humedézcanlos, que brillen, que sientan el juego de la serpiente; acaricien con la punta de esa lengua, perversa y juguetona, los dientes superiores; ahora sáquenla, que respire, que se muestre orgullosa, de un lado al otro de la comisura de los labios; déjenla que mire desafiante un momento. Y ahora escóndanla y giman. En silencio, si acaso, pero giman y cierren los ojos. No, nadie les mira las manos. Déjense llevar…

domingo, 9 de enero de 2011

Estaciones


Subí las escaleras corriendo, sentí una sombra tras mis pasos en las calles mojadas por la niebla que no dejaba ver más de un metro por delante de tu cuerpo. Unos minutos antes había vuelto el cuello en varias ocasiones, buscando la sombra que percibía tras de mí, por primera vez sentí miedo de la noche embriagadora, miedo de los sombras que imaginaba tras mis pasos.

Cerré la puerta de la entrada presurosamente, el corazón acelerado bajo la cazadora húmeda por la densa niebla que calaba hasta los huesos y, tras encender la luz del pasillo, me despojé de ella; respiré hondo intentando calmar la respiración acelerada y me senté sobre la cama.

Intentaba recuperar la calma cuando el nerviosismo en el cuerpo se acumulaba, quizás sólo era una mala pasada de la imaginación, pero realmente había sentido agolparse la sangre en el cerebro, el verdadero miedo a la nada que se escondía en la noche…

Sintiendo las palpitaciones del corazón en la sien, me invadieron los pensamientos, la locura del deseo de su cuerpo; lágrimas que rodaban por las mejillas cuando se rompió el mar de mis sueños, y me dejo arrastrar por la corriente de los días que se suceden, uno a uno, sin más, sin vida, vida que se escurre entre mis dedos sin dar cuenta de ella cuando derramo una lágrima por un amor desmedido, desmerecido cuando existe un precio por las caricias que suplican los anhelos.

Otro susto, un pequeño brinco sobre la cama, el timbre del telefonillo sonaba resquebrajando ese idealizado mundo de nostalgias, realidad de un mundo oscuro en la noche y ni siquiera reparé en la hora que era… ¿quién podía visitar mi casa pasada la medianoche? ¿Quién osaba retar la penetración del umbral de mi portal en esas horas?

Limpie las lágrimas de mi rostro incrédulo, expresión asombrosa en la piel de melocotón que recubre mi cara, húmeda por las lágrimas que refregaba con las manos, aclaré la voz tragando saliva mientras me sacudía otro sobresalto, unos nudillos golpeaban la madera de la puerta, ¿cómo había llegado hasta arriba? Asomé un ojo enrojecido por la mirilla y pude observar su rostro en el portal, con expresión confundida.

Devaneos de la mente cuando funciona a ritmo frenético, de nuevo el corazón agitado en el pecho, ¿eran sus pasos los que me seguían? No quería verle, pero no podía resistir la tentación de correr a sus brazos, de preguntarme qué buscaba en mi casa en medio de la noche, de cruzar palabras con sólo una mirada….

Me coloqué un poco el pelo y abrí la puerta lentamente, observando su cara que dibujaba una sonrisa, era incapaz de interpretarla en la confusión que provocaba la situación, el nerviosismo de mi cuerpo y los ojos rojos que él observaba fijamente; mientras, sólo un pensamiento, que no preguntase si había llorado….

-¡Hola! – dije en voz baja, casi rozando la timidez.

- ¡Hola! – mientras sonreía de nuevo.

Pasó a mi lado, estaba inmóvil con el gato en brazos, mientras, cerré la puerta cortando el paso del aire que entraba. Se quedo parado frente a mí, muy cerca, acariciando el gato con mimo, encaramado a mi cuello, intentando saltar al suelo, propósito que consiguió cuando le solté al clavarme las uñas en su huida.

-¿Qué tal? – Pronunció con cortesía.

No respondí a su pregunta, una mirada nostálgica, triste, fue toda la respuesta que obtuvo de mí ante tal obviedad, no me había lavado la cara, el rímel se escapaba de mis pestañas formando en mis ojos un pequeño borrón negro de tinta y agua salada. Giré sobre mis talones y encaminé los pasos hacia el sofá, languidez en los movimientos cuando su mano se posó en mi antebrazo y volvió a girar mi cuerpo hacia el suyo, como una muñeca de trapo dejé que guiara mi cuerpo, de forma suave, cuando mirando mis ojos acarició mi mejilla con la otra mano, ojos cerrados en el disfrutar de una caricia única, aspirando el aire de la estancia, quieta, como quisiera absorber ese instante para que no se fuera jamás…

Sus mano cogió mi cintura, y aún tomando mi mejilla con la otra mano, acercó sus labios a los míos y los besó con suavidad mientras mis manos tomaban su cintura, acercándome aún más a su pecho, una mano en mi nuca y la otra en mi espalda, atrapando en un callejón sin salida mi cuerpo, que gravitaba con la sensación de consuelo que regalaba ese beso, instante que ahuyentaba los fantasmas del cerebro mientras se sucedían las estaciones en la estancia, el calor del verano regalado en un beso.

Seguía besándome mientras sus manos acariciaban mis glúteos sobre el pantalón vaquero ceñido, otra mano en mi pecho, sobre la camiseta ajustada, buscando sentir el tacto de un pezón oculto bajo el sujetador. Mis manos buscando un hueco donde recorrer su piel, bajo la camiseta, acariciando su espalda con las yemas de los dedos, jugando con las uñas en la provocación de los deseos, apoderada por las ansias cuando arranqué la camiseta de su cuerpo y la tiré al suelo.

Sentí que mi cuerpo se elevaba del suelo cuando me tomó en brazos, y me posó sobre la cama, besando mis labios de nuevo mientras sus manos intentaban arrancar la camiseta, que caía al suelo mientras mis manos cruzaban la espalda para desabrochar el sujetador negro que escondía apretado mi pecho. No se hizo esperar su lengua jugando en mis senos, pequeñas lametadas que aumentaban la temperatura del cuerpo, calor veraniego que me hizo despojarme del pantalón mientras sus dientes mordisqueaban el pezón al descubierto, ojos cerrados y de nuevo otra prenda en el suelo, con el gato observando, sentado al lado de la cama y mis manos en su nuca, acariciando su pelo cuando se deslizaban las caricias por mi cuerpo.

La respiración se me iba tornando en jadeos cuando beso mi cintura y sus manos escurrieron el tanga por mis muslos, resbaladiza lencería que dejaba desnuda la piel al completo mientras me peleaba con el cinturón de cuero que anclaba sus pantalones, pero no pudo evitar que también acabaran en el suelo; el otoño había invadido nuestros cuerpos.

Sus manos se posaron en mis caderas, sus labios jugaban con mis muslos, mordisqueando la piel suave, una lengua que resbala por las ingles y me hace desear, una mirada furtiva que se cruza con la mía y resbala su mano por mi cintura para tropezar con los anhelos, dulce tropiezo de sus dedos en las profundidades de mi cuerpo cuando su lengua serpentea en el monte de Venus y enloquecen los jadeos.

Le aparto como una pierna, empujando su hombro lejos de mi cuerpo y con un nuevo empujón, le tumbo sobre la cama, reptando sobre su cuerpo, besando de nuevo sus labios, empapados de sabor a mí, recorriendo su cuello con besos, caricias de una lengua que pretende hacer hibernar el tiempo, cuando pretendo retener el aroma de su piel, mientras la saboreo.

Caricias de mis manos en su cintura y me dejo llevar, cuan iceberg perdido en el mar, con mi lengua de fuego que pretende derretirle hasta el último deseo, jugando en sus muslos con pequeños mordiscos, observando cómo se retuerce sobre las sábanas, caricias de mis dedos en sus testículos mientras mi lengua insaciable le hace gemir, me ponen sus jadeos y él juega con sus dedos.

Levanto la vista, con una sonrisa vestida de picardía, me coloco sobre él, traviesa mi lengua entre sus labios mientras su mano busca introducir su pene dentro de mi cuerpo, rebeldía de mi cadera que prolonga los deseos haciendo más placentero el momento, puñalada que atraviesa mis piernas mientras se curva mi cuerpo, sentado sobre el suyo, buscando el placer con el movimiento, sentirle dentro.

La psicodelia de la fusión de los cuerpos se apodera de mi, movimientos del infierno sobre sus caderas cuando ayuda a mi locura con la drogadicción de sus movimientos, bajo mis caderas frenéticas, piel empapada de un sudor dulce, cuando sus manos se empapan de él y acarician mi mejilla de nuevo, esta vez mis labios atrapan uno de sus dedos, coquetería de una lengua que relame y lo atrapa en el erotismo de las provocaciones.

Sutilmente se percató del cansancio de mis piernas, abrazando mi cuerpo, besando de nuevo mis labios con ternura y rodando sobre las sábanas se colocó sobre mí, penetraciones profundas con el movimiento rebuscado de mis caderas, acompasado con el suyo, como dos bailarines en la pista de baile. El placer de los movimientos lentos dio lugar al frenesí, a la búsqueda del clímax sobre mis caderas, arrodillado frente a mí, tumbada con las piernas flexionadas, con la yema del dedo jugando en mi monte de Venus, sus caderas me golpean y sus manos se aferran a las mías, gemidos de placer en mi garganta, provocación de su rostro, desencajado, mordiéndose el labio en la sintomatología del disfrute, instante en el que sentí el estallar de su semen en mi vagina, salpicaduras de su ser en mi interior y su peso muerto sobre mí, la dulzura de sus labios, complacidos, agradecidos…

Así me quedé dormida, sumida en una primavera, con el aroma de las flores rodeando mi cuerpo, y la lluvia al despertar de nuevo…

domingo, 26 de diciembre de 2010

Me desnudo



Me desnudo, me despojo de las vestiduras de mi cuerpo, sin recelos, abandono el segundo nombre que me mantenía oculta bajo las sombras, ya no tiene sentido el sinsentido del ocultismo, de permancecer callada mientras hablaba...

Caen las hojas de los árboles en otoño y van desvelando mi cara, el rostro de Lilith, oculto en una primavera que se gesta con el calor del verano en la intimidad. LLueven tormentas de deseos cuando la soledad del teclado es la más dulce compañía en el viaje de las ilusiones; deseos que desatan las tempestades de los dedos frente al teclado en la más absoluta de las intimidades y nos encontramos sólos, tu y yo, y mis ganas de provocarte, de arrancarte una sonrisa o la mayor fantasía...

Acaricio mi sien con rostro pensativo y cae un tirante del camisón, se pone en marcha la maquinaria del cerebro, comienza el juego, otra vez solos, tu y yo. Una mirada de deseo que no ves, pero que me gusta que sientas porque es mía, pero quiero hacerla tuya...

Y no sé quien firma esto, no se si es Lilith o Noelia, paradojas de la bipolaridad cuando camino con tacones solitarios y me vuelvo visceral, cuando soy la pequeña dulce que busca a Venus, cuando te veo tras el espejo...