El corazón de Lilith
sábado, 26 de mayo de 2012
domingo, 26 de febrero de 2012
Golpes del deseo

Me desperté y con las legañas aún en los ojos, visité el baño como un autómata, mirando mi reflejo en el espejo del baño, como si fuese una desconocida la del reflejo, esa chica de cabellos rojos, ataviada con una camiseta verde, ajustada a su esbelta figura, dejando los hombros al descubierto, definiendo aún más sus brazos de músculos marcados, bajo la cintura, tan sólo unos pantalones naranjas, dejando entrever la mitad de su redondeado culo.
Sin quitar las legañas de los ojos, me encaminé hacia la cocina, preparando un café con presura cuando la necesidad de despertar apuraba en el reloj, y aún sin ser persona, tomé con pasmosa calma el primer sorbo de ese café y me encaminé con la taza hacia la habitación, dejándolo sobre la mesilla, para tomarlo a sorbos mientras vestía mi cuerpo para ir a trabajar, sin ganas, pero sin remedio.
Comprobé el móvil mientras encendía un cigarrillo, tan sólo unos cuantos correos comerciales, nada sustancial que hiciera exaltar mi cuerpo, metí el móvil en el bolsillo de la cazadora, cogí el tabaco y las llaves del coche y salí por la puerta de casa, una ráfaga de aire fresco que me hizo despertar al instante y apresurarme en llegar al trabajo, con el frío en el cuerpo….
Al llegar, volví a mirar el móvil antes de posarlo sobre la mesa de la oficina para cambiarme de ropa, sentía como si me faltara algo mientras las prendas caían sobre una silla y otras más desgarradas vestían mi piel de nuevo, con el apremio de la hora tardía y el frío, pensamientos lentos en la cabeza cuando ni siquiera era consciente de los pensamientos agolpados en la sien, pero añoraba algo, sin saber describir el que…
Bajé las escaleras de la oficina y, justo en el último peldaño, cogí el móvil del bolsillo con intenciones de escribir un mensaje, más el arrepentimiento se apoderó de mí en el último momento y no lo hice, volví a depositar el móvil en el bolsillo, reprimí los deseos y me encaminé a mi puesto de trabajo, pensativa la jornada laboral, agradecimiento al afanamiento que no permitía que mis dedos tecleasen deseos y le dieran a la tecla de enviar.
Eran las diez de la mañana, el sol brillaba con fuerza, canícula insólita en invierno y me senté sobre una pequeña tapia de hormigón, observando los animales recién alimentados, saltando en su espacio, pequeñas criaturas que juegan frente a mí, y un gato, a penas salvaje hace unos meses, que se acerca a mí reclamando caricias a base de maullidos, reclamando unas manos que jueguen con él mientras clava sus uñas en mis pantalones, señuelo de provocación para mis manos que se deslizan sobre su lomo, con la mente ajena a lo que me rodea… No puedo apartar su mirada de mi mente, la imagen de sus hombros musculados me golpea una y otra vez los deseos y me siento cuitada, me golpea el deseo una y otra vez por dentro, pero siento que es mejor el silencio, y en él me pierdo.
Llego a casa y preparo otro café con leche, esta vez lo tomo con más calma aún, sentada en mi sillón de cuero, frente al ordenador, una tregua al azogue que vive mi cuerpo en los últimos tiempos mientras ordeno papeleos y trámites administrativos, y los deseos que golpean una y otra vez, imposible mantener la concentración y me encamino a la ducha, necesito sosiego.
Observo caer las prendas al suelo con delicadeza, sin prisa, enciendo los grifos del agua caliente y me planto delante del espejo, sólo con unas braguitas puestas que resbalan por mis muslos, quedando atrapadas entre mis tobillos, pisoteadas antes de sumergirme en otro mundo.
Chorros de agua caliente que envilecen mi cuerpo mientras los músculos se distienden y mi cabeza vuela con el vaho que inunda el pequeño baño, vuela con las manos que acarician mi piel, vuela con los pensamientos cuando arden igual que el agua que recorre mi piel, completamente desnuda, ojos cerrados bajo el agua mientras las manos que acarician la piel resbalan con los axiomas del deseo.
Mutismo de unos labios que no son capaces de revelar sus más ígneos deseos cuando hoy debía ser prisionera bajo su cuerpo, pusilánime frente al súcubo que llevo dentro, solitaria en la ducha, chamuscada por los deseos de sentir su piel, ese olor que hace estremecer hasta las entrañas de mi ser cuando sus manos aferran mi pelo y vuelve a mí, regresa entre los recuerdos el olor de su piel después del sexo, caos al raciocinio cuando ya no soy yo, ya no controlo mi cuerpo, ni la humedad que escurre entre mis piernas…
Me pueden los deseos, se hace insoportable la realidad en el anhelo y siento mis gritos por dentro cuando muero en la hoguera de los sentimientos y la distancia se me hace eterna, súcubo de alas rotas que no vuela a su paraíso infernal.
Agua que resbala por este pequeño cuerpo, de alas mojadas que ya no vuela si no en sus pensamientos, deseando que aún con las gotas de agua escurriendo sobre su cuerpo, sus manos se aferren a mi cuello y me tumbe sobre la cama, con la violencia de los deseos por poseer mi cuerpo, más que sentir el miedo ante la violencia, una oleada de envalentonamiento invade mi cuerpo en exceso, con la excitación exaltada y la mirada fija, desafiante y provocadora, invitando a que sus manos separen mis piernas y su lengua se pierda entre mis muslos, jugando con ellos como si fuese un suplicio para mi cuerpo, sabedor del inevitable final, consciente de la tortura, rebuscando el roce de su lengua en el clítoris, que se ofrece, escondido, rojo como una fresa, deseoso de pasión desenfrenada. Un suave mordisco en los labios de mi vagina y un gemido al sentir el roce, caderas que se revuelven, buscando una penetración más que deseada, y su lengua que sigue jugando, dulce martirio mientras una mano aferra mi cara, manteniendo la mirada en él y un dedo que resbala mi mejilla, perdiéndose en mis labios a la vez que sus caderas se ponen a la altura de las mías y su polla se pierde entre mis piernas, un gemido brota de mi garganta y la fustigación de los deseos hace revolotear mis caderas buscando más placer en cada movimiento mientras su mano agarra mi cuello, intentando dominar la pasión salvaje que desata la bestia del súcubo que llevo dentro.
Me revuelvo como fiera desatada sobre las sábanas y aferrando sus muñecas me coloco sobre su cuerpo, cabalgando cuan amazonas, dando paso al galope desenfrenado, sintiendo el roce de su pene en mis labios, sintiendo el roce de su polla en mi clítoris en cada penetración y los jadeos resultan suspiros, cerca de su oído mientras agarra con fuerza mi pelo y los gemidos brotan de mi garganta cuando me embiste con fuerza y la humedad de la calentura que hay bajo mi cintura brota por los muslos, resbaladizos, dulzura de las mieles de mis entrañas que revelan el secreto de la excitación descontrolada.
El rostro desencajado por el placer, escondido en su cuello, percibiendo el olor de su piel que tanto me excita en el sexo y otro tirón en mi pelo mientras la otra mano busca hacerme gritar de placer extremo, jugando en mi culo, buscando saciar todas las vías de deseo, y un gruñido feroz en mi garganta cuando sus dedos penetran mi culo y soy domina descontrolada sentada sobre su cuerpo, jugando con su pene y su dedo en cada movimiento, sobre su polla completamente dentro, una mano que me aprieta el pecho y me muevo extenuada por el placer que me corrompe por dentro, ya no soy yo, yo ya no tengo un ápice de control sobre mi cuerpo cuando cada desliz es en busca de un placer aún mayor, mordiendo el labio inferior para no gritar, los ojos fuera de sus órbitas y el roce de su polla, dentro, me hace estremecerme y encogerme del placer, erguida, sobre su cuerpo tumbado sobre la cama, temblando de placer mientras me dice que le gusta verme así y tiemblo, tiemblo y los escalofríos se apoderan de mi, como latigazos de corriente, mientras me corro, con la respiración entrecortada, y en el placer de verme en ese placer descontrolado, sintiendo como se cierran todos los agujeros de mi cuerpo ante el tormento de placer que me sacude por dentro, no puede evitar que su semen estalle contra mi coño, mezclándose con los flujos que manan de mi interior y ahora tan sólo los despojos de dos cuerpos, inmóviles, intentando recuperar la respiración, con una sonrisa en los labios y pequeños temblores que aún sacuden la carne….
domingo, 19 de febrero de 2012
El amor...
Amor…. Ese indescriptible sentimiento, incapaces de definirlo a lo largo de la historia, pero… ¿es realmente una cadena? Arrastro el lastre cultural de la monogamia, de te quiero mío, mi propiedad… mas con la libertad descubrí la liberación, o quizás fuese a la viceversa…. Con la liberación de mi ser descubrí la libertad y todas las inquietudes mentales de mi cerebro desencadenaron en la investigación y en la rotura con los lastres cultuales que se me imponen, esos lastres que te atan como cadenas…
Pensaba que sabía lo que era el amor, pensaba que creía lo que era sentir algo puro, mas la perspectiva que sólo da el tiempo me ha hecho desaprender lo que es el amor para descubrir la grandeza de ese sentimiento viviéndolo en mis propias carnes, escasas pero carnes en cuerpo de demonio en miniatura. Equivocada conmigo misma pensaba que el amor era una mezcla de sentimientos que llevaban a la posesión, a decir eso de “mi novio” con orgullo… tonta de mí, cuando el orgullo era la posesión, el tener algo, sentimiento equivocado cuando lo equivocamos nosotros mismos en el camino intentando adueñarnos de algo tan libre como nosotros mismos, cuando sin darnos cuenta lo cambiamos por el camino y tropezamos al andar, arrugando la naturaleza como papel que ya no sirve…
Abanderamos nuestra humanidad con orgullo, olvidando en el camino que no somos más que simples bestias, animales como cualquier otro que habita el planeta, y en esa superioridad en que nos autoproclamamos no cesamos en el empeño de equivocarnos… pues si nacimos salvajes, viviendo en manadas y sin necesitar a penas nada, mi demoniaca mente, asalvajada por completo no es capaz de comprender ese mundo de necesidades que nos amarga, y cuan inconscientes que somos, nos empeñamos en ampliar…
Dicen que no es más feliz quien más tiene, si no quien menos necesita pero como ya dijo Jhon Lennon “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas con la responsabilidad de completar lo que nos falta” y creo que la tarea de autocompletar lo que sentimos que nos falta como humanos, es obra de la autorrealización personal de cada uno, no que sea tarea de poseer una persona con la excusa de tener la mitad que pensamos que nos falta a nosotros… pero el clímax de aceptarte a ti mismo, tal como eres, como una obra completa, como un todo, es el clímax que te lleva al sentimiento más puro, limpio e inocente…
Dentro de mi incultura y mi titulación en Burrología, me voy a atrever a llamar amor al sentimiento que se experimenta cuando sientes la libertad, esa provocación al individualismo, sin confundirla con el narcisismo, pero llegando a rozar la confianza en tu ser, mas no vayamos a confundir esto con la ausencia de conexiones ente los seres humanos… claro que las hay y a ello es a lo que me refiero, a encontrar ese alma gemela a la nuestra, a esa persona que con su única presencia altera nuestros sentidos, esa persona con la que queremos pasar más tiempo por las sensaciones que nos aporta, por todas esas sustancias que segrega nuestro extasiado cuerpo…. Mas sólo basta con mirar al pasado… volver la vista atrás a cuando comenzó a provocarse esa situación… ¿cómo conocimos a esa persona? El ser humano que nos provocó esa sensación era libre, el ser que nos llevó a esos sentimientos estaba con otras personas antes de que la necesidad creada de propiedad nos llevara a carcomernos de celos por ello…. ¿Por qué querer tener la sensación de que sea tuyo?
Cuando consigues conciliar tu parte animal con tu parte humana y navegar en los cauces que marca la naturaleza y no los imperialismos impuestos por seres humanos despiadados en las garras del capitalismo, cuando el decir “es mío” deje de primar dentro de de tus prioridades, ese día, dentro de tu ser se abren las alas de los sentimientos más puros y nobles que puedas experimentar, mas eres consciente de la conexión mental que tienes con esa persona, sabes que eso supone más que un instinto puramente animal como es la excitación sexual, a la cual, por mucho que quieras que no exista, no se puede renunciar, sigue estando ahí, impulso reprimido en muchas ocasiones, reprimido voluntariamente, pero reprimido.
La conexión mental con esa persona es algo insustituible, algo más grande que la propiedad, pues es como tener una casa vacía, la tenemos, pero está deshabitada… y puedes seguir “teniéndola” de igual manera si está siendo alquilada… Mas creo que nuestra libertad es equivalente a la de otra persona y es cinismo negar la atracción y los deseos sexuales que todos tenemos dentro del cuerpo, por mucha pureza de sentimientos que aseveremos tener, pues son conceptos muy diferentes, mezclados culturalmente en nuestro cerebro con creencias absurdas y roles impuestos por la incivilización humana…Nunca será lo mismo follar que hacer el amor, pues no se puede hacer el amor si no hay conexión entre los cerebros, pero el sexo es el sexo… y es una necesidad humana no impuesta culturalmente, sin embargo el poseer a esa persona sí.
y creo que cuando aprendes a conciliar esa conexión mental con la libertad del individuo, sin influencias de roles culturales adquiridos a lo largo de la historia es cuando comienzas a ser completamente libre, cuando disfrutas plenamente de los sentimientos exprimiendo los segundos para absorber lo que te rodea, para sentirte feliz, por los momentos vividos con esa persona, y por los que no está con el mero hecho de saber que está disfrutando, cuando disfrutas de los placeres de la vida, sin el lastre de las cadenas que te atan socialmente, a la vez que dejas que te inunden las experiencias y los sentimientos que despierta tu alma gemela, ese animal de la especie que hace que siempre quieras volver a sus brazos y perderte entre sus ojos, haciendo lo que sea, pues el mero hecho de que esté cerca te vale, pues para mí eso es amor y no comparar a una persona con cualquiera de nuestras pertenencias… mi casa, mi coche, mi teléfono, mi novio, mi marido….
jueves, 17 de febrero de 2011
Presentación de El otro lado del Espejo

domingo, 9 de enero de 2011
Estaciones

Subí las escaleras corriendo, sentí una sombra tras mis pasos en las calles mojadas por la niebla que no dejaba ver más de un metro por delante de tu cuerpo. Unos minutos antes había vuelto el cuello en varias ocasiones, buscando la sombra que percibía tras de mí, por primera vez sentí miedo de la noche embriagadora, miedo de los sombras que imaginaba tras mis pasos.
Cerré la puerta de la entrada presurosamente, el corazón acelerado bajo la cazadora húmeda por la densa niebla que calaba hasta los huesos y, tras encender la luz del pasillo, me despojé de ella; respiré hondo intentando calmar la respiración acelerada y me senté sobre la cama.
Intentaba recuperar la calma cuando el nerviosismo en el cuerpo se acumulaba, quizás sólo era una mala pasada de la imaginación, pero realmente había sentido agolparse la sangre en el cerebro, el verdadero miedo a la nada que se escondía en la noche…
Sintiendo las palpitaciones del corazón en la sien, me invadieron los pensamientos, la locura del deseo de su cuerpo; lágrimas que rodaban por las mejillas cuando se rompió el mar de mis sueños, y me dejo arrastrar por la corriente de los días que se suceden, uno a uno, sin más, sin vida, vida que se escurre entre mis dedos sin dar cuenta de ella cuando derramo una lágrima por un amor desmedido, desmerecido cuando existe un precio por las caricias que suplican los anhelos.
Otro susto, un pequeño brinco sobre la cama, el timbre del telefonillo sonaba resquebrajando ese idealizado mundo de nostalgias, realidad de un mundo oscuro en la noche y ni siquiera reparé en la hora que era… ¿quién podía visitar mi casa pasada la medianoche? ¿Quién osaba retar la penetración del umbral de mi portal en esas horas?
Limpie las lágrimas de mi rostro incrédulo, expresión asombrosa en la piel de melocotón que recubre mi cara, húmeda por las lágrimas que refregaba con las manos, aclaré la voz tragando saliva mientras me sacudía otro sobresalto, unos nudillos golpeaban la madera de la puerta, ¿cómo había llegado hasta arriba? Asomé un ojo enrojecido por la mirilla y pude observar su rostro en el portal, con expresión confundida.
Devaneos de la mente cuando funciona a ritmo frenético, de nuevo el corazón agitado en el pecho, ¿eran sus pasos los que me seguían? No quería verle, pero no podía resistir la tentación de correr a sus brazos, de preguntarme qué buscaba en mi casa en medio de la noche, de cruzar palabras con sólo una mirada….
Me coloqué un poco el pelo y abrí la puerta lentamente, observando su cara que dibujaba una sonrisa, era incapaz de interpretarla en la confusión que provocaba la situación, el nerviosismo de mi cuerpo y los ojos rojos que él observaba fijamente; mientras, sólo un pensamiento, que no preguntase si había llorado….
-¡Hola! – dije en voz baja, casi rozando la timidez.
- ¡Hola! – mientras sonreía de nuevo.
Pasó a mi lado, estaba inmóvil con el gato en brazos, mientras, cerré la puerta cortando el paso del aire que entraba. Se quedo parado frente a mí, muy cerca, acariciando el gato con mimo, encaramado a mi cuello, intentando saltar al suelo, propósito que consiguió cuando le solté al clavarme las uñas en su huida.
-¿Qué tal? – Pronunció con cortesía.
No respondí a su pregunta, una mirada nostálgica, triste, fue toda la respuesta que obtuvo de mí ante tal obviedad, no me había lavado la cara, el rímel se escapaba de mis pestañas formando en mis ojos un pequeño borrón negro de tinta y agua salada. Giré sobre mis talones y encaminé los pasos hacia el sofá, languidez en los movimientos cuando su mano se posó en mi antebrazo y volvió a girar mi cuerpo hacia el suyo, como una muñeca de trapo dejé que guiara mi cuerpo, de forma suave, cuando mirando mis ojos acarició mi mejilla con la otra mano, ojos cerrados en el disfrutar de una caricia única, aspirando el aire de la estancia, quieta, como quisiera absorber ese instante para que no se fuera jamás…
Sus mano cogió mi cintura, y aún tomando mi mejilla con la otra mano, acercó sus labios a los míos y los besó con suavidad mientras mis manos tomaban su cintura, acercándome aún más a su pecho, una mano en mi nuca y la otra en mi espalda, atrapando en un callejón sin salida mi cuerpo, que gravitaba con la sensación de consuelo que regalaba ese beso, instante que ahuyentaba los fantasmas del cerebro mientras se sucedían las estaciones en la estancia, el calor del verano regalado en un beso.
Seguía besándome mientras sus manos acariciaban mis glúteos sobre el pantalón vaquero ceñido, otra mano en mi pecho, sobre la camiseta ajustada, buscando sentir el tacto de un pezón oculto bajo el sujetador. Mis manos buscando un hueco donde recorrer su piel, bajo la camiseta, acariciando su espalda con las yemas de los dedos, jugando con las uñas en la provocación de los deseos, apoderada por las ansias cuando arranqué la camiseta de su cuerpo y la tiré al suelo.
Sentí que mi cuerpo se elevaba del suelo cuando me tomó en brazos, y me posó sobre la cama, besando mis labios de nuevo mientras sus manos intentaban arrancar la camiseta, que caía al suelo mientras mis manos cruzaban la espalda para desabrochar el sujetador negro que escondía apretado mi pecho. No se hizo esperar su lengua jugando en mis senos, pequeñas lametadas que aumentaban la temperatura del cuerpo, calor veraniego que me hizo despojarme del pantalón mientras sus dientes mordisqueaban el pezón al descubierto, ojos cerrados y de nuevo otra prenda en el suelo, con el gato observando, sentado al lado de la cama y mis manos en su nuca, acariciando su pelo cuando se deslizaban las caricias por mi cuerpo.
La respiración se me iba tornando en jadeos cuando beso mi cintura y sus manos escurrieron el tanga por mis muslos, resbaladiza lencería que dejaba desnuda la piel al completo mientras me peleaba con el cinturón de cuero que anclaba sus pantalones, pero no pudo evitar que también acabaran en el suelo; el otoño había invadido nuestros cuerpos.
Sus manos se posaron en mis caderas, sus labios jugaban con mis muslos, mordisqueando la piel suave, una lengua que resbala por las ingles y me hace desear, una mirada furtiva que se cruza con la mía y resbala su mano por mi cintura para tropezar con los anhelos, dulce tropiezo de sus dedos en las profundidades de mi cuerpo cuando su lengua serpentea en el monte de Venus y enloquecen los jadeos.
Le aparto como una pierna, empujando su hombro lejos de mi cuerpo y con un nuevo empujón, le tumbo sobre la cama, reptando sobre su cuerpo, besando de nuevo sus labios, empapados de sabor a mí, recorriendo su cuello con besos, caricias de una lengua que pretende hacer hibernar el tiempo, cuando pretendo retener el aroma de su piel, mientras la saboreo.
Caricias de mis manos en su cintura y me dejo llevar, cuan iceberg perdido en el mar, con mi lengua de fuego que pretende derretirle hasta el último deseo, jugando en sus muslos con pequeños mordiscos, observando cómo se retuerce sobre las sábanas, caricias de mis dedos en sus testículos mientras mi lengua insaciable le hace gemir, me ponen sus jadeos y él juega con sus dedos.
Levanto la vista, con una sonrisa vestida de picardía, me coloco sobre él, traviesa mi lengua entre sus labios mientras su mano busca introducir su pene dentro de mi cuerpo, rebeldía de mi cadera que prolonga los deseos haciendo más placentero el momento, puñalada que atraviesa mis piernas mientras se curva mi cuerpo, sentado sobre el suyo, buscando el placer con el movimiento, sentirle dentro.
La psicodelia de la fusión de los cuerpos se apodera de mi, movimientos del infierno sobre sus caderas cuando ayuda a mi locura con la drogadicción de sus movimientos, bajo mis caderas frenéticas, piel empapada de un sudor dulce, cuando sus manos se empapan de él y acarician mi mejilla de nuevo, esta vez mis labios atrapan uno de sus dedos, coquetería de una lengua que relame y lo atrapa en el erotismo de las provocaciones.
Sutilmente se percató del cansancio de mis piernas, abrazando mi cuerpo, besando de nuevo mis labios con ternura y rodando sobre las sábanas se colocó sobre mí, penetraciones profundas con el movimiento rebuscado de mis caderas, acompasado con el suyo, como dos bailarines en la pista de baile. El placer de los movimientos lentos dio lugar al frenesí, a la búsqueda del clímax sobre mis caderas, arrodillado frente a mí, tumbada con las piernas flexionadas, con la yema del dedo jugando en mi monte de Venus, sus caderas me golpean y sus manos se aferran a las mías, gemidos de placer en mi garganta, provocación de su rostro, desencajado, mordiéndose el labio en la sintomatología del disfrute, instante en el que sentí el estallar de su semen en mi vagina, salpicaduras de su ser en mi interior y su peso muerto sobre mí, la dulzura de sus labios, complacidos, agradecidos…
Así me quedé dormida, sumida en una primavera, con el aroma de las flores rodeando mi cuerpo, y la lluvia al despertar de nuevo…
domingo, 26 de diciembre de 2010
Me desnudo

Caen las hojas de los árboles en otoño y van desvelando mi cara, el rostro de Lilith, oculto en una primavera que se gesta con el calor del verano en la intimidad. LLueven tormentas de deseos cuando la soledad del teclado es la más dulce compañía en el viaje de las ilusiones; deseos que desatan las tempestades de los dedos frente al teclado en la más absoluta de las intimidades y nos encontramos sólos, tu y yo, y mis ganas de provocarte, de arrancarte una sonrisa o la mayor fantasía...
Acaricio mi sien con rostro pensativo y cae un tirante del camisón, se pone en marcha la maquinaria del cerebro, comienza el juego, otra vez solos, tu y yo. Una mirada de deseo que no ves, pero que me gusta que sientas porque es mía, pero quiero hacerla tuya...
Y no sé quien firma esto, no se si es Lilith o Noelia, paradojas de la bipolaridad cuando camino con tacones solitarios y me vuelvo visceral, cuando soy la pequeña dulce que busca a Venus, cuando te veo tras el espejo...
Publicación en El Otro Lado Del Espejo
El corazón de Lilith aparece en el especial erótico de El Otro Lado del Espejo, el cual os podeís descargar en pdf y que se podrá adquirir en papel en las presentaciones, siendo la primera en Madrid, de la cual informaré y seguramente esté presente en ella realizando una lectura del realto.
El relato está acompañado de una biografía escrita por el músico y escritor Daniel Sancet
http://issuu.com/alotroladodelespejo/docs/especialerotico/85
Espero que os guste tanto como a mí.
También podeís disfrutar de todas las novedades y frases cortas en la página de facebook
http://www.facebook.com/pages/El-corazon-de-lilith/124595657553203
Un saludo y muchas gracias por leerme!